lunes, 7 de enero de 2013

APUNTES DE NIEVE. SEMANA BLANCA

El sistema de calefacción de nuestro cuerpo

¿Por qué notamos frío o calor?

Imaginemos que vamos por el campo en un día muy frío y tocamos, con las manos
desnudas, un palo de madera y un palo de hierro de una misma valla. ¿Cómo es posible que
notemos el palo de hierro más frío que el de madera cuando ambos están a la misma
temperatura?
La explicación es sencilla: el hierro es un material mucho más conductor térmico -del
frío y del calor- que la madera. El frío que notamos no es más que un intercambio de
temperatura entre un material más frío que nosotros: al tocar el palo de hierro, nuestro calor
pasa al palo y el frío del palo pasa a nuestro cuerpo. Si el palo es de madera, a pesar de estar
a la misma temperatura que su homólogo de hierro, no notamos tanto frío por el hecho de que
la madera no es un material tan conductor como el hierro.
El aire -el oxígeno- es también un material conductor del frío o del calor. Por este
motivo, un día de viento produce más sensación de frío; de la misma manera, la calefacción del hogar se basa en calentar el aire de la casa.
En definitiva, necesitamos un elemento conductor térmico para calentarnos cuando estemos en la montaña. Este elemento, tal como veremos a continuación, será el aire.
¿Cómo se calienta el cuerpo?
Olvidémonos de una idea falsa pero extendida: ninguna prenda de vestir proporciona
calor por sí misma; el calor lo genera el propio cuerpo gracias a la circulación de la sangre.
Ahora bien, si estamos en invierno y vamos desnudos, el aire -como buen conductor térmico que es- nos va producir, lógicamente, una intensa sensación de frío.
Una buena prenda puede permitirnos generar una cámara de aire aislada del exterior.
De esta manera, si nuestro cuerpo consigue calentar esta cámara de aire, lograremos una
sensación de calor gracias a las propiedades conductoras térmicas de este elemento.
Además, cuanto mayor es la actividad física, mayor es la circulación de la sangre y mayor es el consumo de energía, lo que eleva la temperatura interior del cuerpo. Pero este mismo sistema de calefacción es un arma de doble filo. Veamos por qué.

¿Cómo pierde calor el cuerpo?

El problema empieza cuando, debido al elevado nivel de actividad física, el organismo activa su
sistema de refrigeración, segregando sudor, con el fin de bajar la temperatura del cuerpo y conservar una temperatura constante. Al fin y al cabo, el sudor -agua- es también un gran conductor.
De hecho, existen cuatro maneras de sufrir pérdidas de calor:

Convección:

El aire frío al penetrar y circular por el interior de la prenda, producirá un desplazamiento o
expulsión del calor hacia el exterior. Una envoltura impermeable, cierres en los puños, tobillos
y cuello y cordón ceñido en la cintura, impedirán esa salida de calor al exterior. 
  
Conducción:

Al entrar en contacto con superficies frías, como por ejemplo al sentarnos encima de la nieve,
perderemos nuestro calor a través del tejido. Se evita gracias a las protecciones en las zonas
de contacto de los guantes, calzado y pantalones. Evitando que la prenda se moje, también
reduciremos este efecto.

Evaporación:

A bajas temperaturas el sudor representa un serio problema. Las moléculas de agua del sudor
que se filtran a través de las prendas quedan retenidas por el tejido, convirtiéndolo en un perfecto conductor del calor corporal hacia el exterior (y de frío hacia el interior). Por esta
razón, es primordial mantener la piel seca. 

Radiación:
El cuerpo convierte los alimentos en radiaciones infrarrojas que irradian de la piel en todas direcciones. He aquí la importancia de los materiales capaces de retener este calor entre sus fibras para mantenernos a una temperatura correcta. 
Si el cuerpo se ve afectado por el frío (y/o la hipotermia), desencadena una reacción natural de ahorro calórico con el fin de conservar la temperatura de los órganos vitales (corazón, hígado, cerebro, etc.) en detrimento de las partes periféricas del organismo (manos, pies, nariz, orejas, etc.).
Conclusión: principios para mantener el calor
Del análisis del sistema de calefacción de nuestro cuerpo, pueden deducirse los
siguientes principios:
El cuerpo debe generar calor. Por tanto, el organismo debe disponer de la energía suficiente
para generar calor. En este sentido, el cuerpo debe estar convenientemente hidratado.

Es necesario conservar, desde un principio y de forma continuada, la temperatura
corporal. La retención del calor corporal se consigue a partir de las cámaras de aire que
figuran entre el cuerpo y el exterior. Por consiguiente, contra más cámaras de aire figuren en
el menor espacio, más retención calorífica se conseguirá. Además, debe evitarse que el cuerpo
pierda calor por ninguna de sus partes; en este sentido, por la cabeza se pierde el 20% de
nuestro calor corporal.

La sangre debe fluir por todo el cuerpo. Por tanto, debe evitarse que la ropa se produzca
una excesiva presión sobre los vasos de aporte sanguíneo (arterias) o sobre los de retorno
(venas), y provoque la ralentización de la circulación de la sangre.



Primera capa


La 1ª capa (ropa interior), tiene por objeto el mantener la piel seca mediante la expulsión del sudor lejos de ésta y evitar que nos enfriemos (las prendas húmedas en contacto con la piel dejan escapar el calor veinticinco veces más rápido que las secas).
La elección de esta primera capa es crucial para obtener un óptimo funcionamiento de las prendas exteriores. Al igual que si se tratara de una segunda piel, debe ajustarse a lo largo del cuerpo, en el cuello, puños y tobillos, para así atrapar el aire caliente que genera nuestro cuerpo evitando que se desplace al exterior. Ahora bien, hay que cuidar de no apretar en exceso y ralentizar la circulación de la sangre.

Este tipo de prendas están confeccionadas con tejidos elásticos y carecen de costuras laterales. Las pocas costuras que tienen son planas una mayor comodidad. Si se comete el error de utilizar este tipo de prendas conjuntamente con ropa interior convencional de algodón, anularemos las prestaciones de estos materiales, ya que el algodón absorberá toda la humedad y la mantendrá en contacto con la piel.



Segunda capa


Tal como hemos visto, la función de las fibras del forro polar, como segunda capa, es la de retener el calor generado por el propio cuerpo aislándolo del frío exterior.

El tejido de Poliéster se convierte en forro polar al aplicarle un tratamiento de desgarro parcial del tejido mediante pequeñas ruedas dentadas: los hilos se abren en micro-filamentos en posición vertical dándole un aspecto esponjoso y suave. De este modo se consigue resistencia a la humedad, secado rápido y un poder calorífico dos veces superior al ofrecido por la lana, creando un aislamiento cálido y seco alrededor del cuerpo, alejando la humedad de la transpiración de la piel. No se pudre y apenas absorbe los olores.

Su principal inconveniente es que el viento consigue traspasarlo, provocando así la problemática de la pérdida de calor. Para evitarlo se han creado nuevos materiales laminados como pueden ser el Windstopper o el Windbloc.

Existen modelos con refuerzos en las zonas más delicadas especialmente diseñados para escalar o transportar mochilas pesadas.

Al igual que la primera capa, la característica a tener en cuenta para la elección de la primera capa es su grosor. Se distinguen tres tipos de grosores:

Ligero

Grueso medio

Grueso expedición

Las prendas confeccionadas con membranas corta viento, como pueden ser el Windstopper® o el Windbloc®, se consideran de grueso medio. No es normal encontrarlas en gruesos expedición, ya que en estos casos se combina el forro polar junto con una prenda exterior de 3ª capa que realizará la función de corta viento.

Tercera capa

Recordemos que la tercera capa debe proteger contra el viento y el agua al mismo tiempo que permitir la transpirabilidad.

Una cuidada confección de la tercera capa debe permitir una óptima movilidad, protegiendo de los agentes externos incluso al mantenernos en la posición o postura más comprometida. Por ejemplo, las mejores capuchas permitirán albergar cascos debajo de ellas, disponer de viseras plegables y seguirán el movimiento de la cabeza para ofrecer una visión total incluso mirando atrás.

En la tercera capa hay que tener en cuenta los siguientes factores:

1. El número de capas que esta tercera capa tiene.
2. Su impermeabilidad.
3. Su transpirabilidad.

Dependiendo de los tejidos utilizados para el laminado o el inducido, las características de transpirabilidad, impermeabilidad y resistencia variarán sensiblemente. Así, según las distintas marcas comerciales, nos podemos encontrar diversos materiales.

Otros sistemas

El plumón

Hemos visto que la retención del calor corporal se consigue a partir de las cámaras de aire que figuran entre el cuerpo y el exterior. En base a esto, contra más cámaras de aire figuren en el menor espacio, más retención calorífica se conseguirá. La pluma, por sus particularidades, es la fibra que mayor número de cámaras de aire consigue, además de expandirse y comprimirse mejor que la fibra. Además, ocupa menos espacio cuando se comprime en el interior de una funda y a igualdad de prestaciones, pesa menos.

Su inconveniente es que es más delicada que los materiales sintéticos y hay que evitar que se moje, razón por la cual sus forros suelen ser de nylon y no algodón ya que el algodón absorbe humedad. Tampoco puede lavarse a menudo como el caso de las fibras y debe realizarse con productos especiales. De no ser así, la pluma se apelmaza y se crean huecos en el interior de las cámaras de la prenda.

Existen distintas calidades de pluma y su clasificación de mayor a menor retención térmica es: el duvet, el plumón y la pluma triturada. El duvet será con el que notemos menos el tacto de la caña, por lo tanto es el que más retención de calor obtendremos.
Debemos evitar que el agua (sudor, lluvia, nieve, etc.) esté en contacto con la piel.

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