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jueves, 11 de febrero de 2010

APUNTES DE INTERÉS PARA SUBIR A LA NIEVE

El sistema de calefacción de nuestro cuerpo
¿Por qué notamos frío o calor?

Imaginemos que vamos por el campo en un día muy frío y tocamos, con las manos
desnudas, un palo de madera y un palo de hierro de una misma valla. ¿Cómo es posible que
notemos el palo de hierro más frío que el de madera cuando ambos están a la misma
temperatura?

La explicación es sencilla: el hierro es un material mucho más conductor térmico -del
frío y del calor- que la madera. El frío que notamos no es más que un intercambio de
temperatura entre un material más frío que nosotros: al tocar el palo de hierro, nuestro calor
pasa al palo y el frío del palo pasa a nuestro cuerpo. Si el palo es de madera, a pesar de estar
a la misma temperatura que su homólogo de hierro, no notamos tanto frío por el hecho de que
la madera no es un material tan conductor como el hierro.
El aire -el oxígeno- es también un material conductor del frío o del calor. Por este
motivo, un día de viento produce más sensación de frío; de la misma manera, la calefacción
del hogar se basa en calentar el aire de la casa.
En definitiva, necesitamos un elemento conductor térmico para calentarnos cuando
estemos en la montaña. Este elemento, tal como veremos a continuación, será el aire.
¿Cómo se calienta el cuerpo?
Olvidémonos de una idea falsa pero extendida: ninguna prenda de vestir proporciona
calor por sí misma; el calor lo genera el propio cuerpo gracias a la circulación de la sangre.
Ahora bien, si estamos en invierno y vamos desnudos, el aire -como buen conductor térmico
que es- nos va producir, lógicamente, una intensa sensación de frío.
Una buena prenda puede permitirnos generar una cámara de aire aislada del exterior.
De esta manera, si nuestro cuerpo consigue calentar esta cámara de aire, lograremos una
sensación de calor gracias a las propiedades conductoras térmicas de este elemento.
Además, cuanto mayor es la actividad física, mayor es la circulación de la sangre y
mayor es el consumo de energía, lo que eleva la temperatura interior del cuerpo. Pero este
mismo sistema de calefacción es un arma de doble filo. Veamos por qué.

¿Cómo pierde calor el cuerpo?

El problema empieza cuando, debido al elevado nivel de actividad física, el organismo activa su
sistema de refrigeración, segregando sudor, con el fin de bajar la temperatura del cuerpo y
conservar una temperatura constante. Al fin y al cabo, el sudor -agua- es también un gran
conductor.
De hecho, existen cuatro maneras de sufrir pérdidas de calor:

Convección:
El aire frío al penetrar y circular por el interior de la prenda, producirá un desplazamiento o
expulsión del calor hacia el exterior. Una envoltura impermeable, cierres en los puños, tobillos
y cuello y cordón ceñido en la cintura, impedirán esa salida de calor al exterior.
Conducción:
Al entrar en contacto con superficies frías, como por ejemplo al sentarnos encima de la nieve,
perderemos nuestro calor a través del tejido. Se evita gracias a las protecciones en las zonas
de contacto de los guantes, calzado y pantalones. Evitando que la prenda se moje, también
reduciremos este efecto.

Evaporación:
A bajas temperaturas el sudor representa un serio problema. Las moléculas de agua del sudor
que se filtran a través de las prendas quedan retenidas por el tejido, convirtiéndolo en un
perfecto conductor del calor corporal hacia el exterior (y de frío hacia el interior). Por esta
razón, es primordial mantener la piel seca.

Radiación:
El cuerpo convierte los alimentos en radiaciones infrarrojas que irradian de la piel en todas
direcciones. He aquí la importancia de los materiales capaces de retener este calor entre sus fibras para mantenernos a una temperatura correcta.
Si el cuerpo se ve afectado por el frío (y/o la hipotermia), desencadena una reacción natural de ahorro calórico con el fin de conservar la temperatura de los órganos vitales (corazón,
hígado, cerebro, etc.) en detrimento de las partes periféricas del organismo (manos, pies,
nariz, orejas, etc.).

Conclusión: principios para mantener el calor
Del análisis del sistema de calefacción de nuestro cuerpo, pueden deducirse los
siguientes principios:
El cuerpo debe generar calor. Por tanto, el organismo debe disponer de la energía suficiente
para generar calor. En este sentido, el cuerpo debe estar convenientemente hidratado.
Es necesario conservar, desde un principio y de forma continuada, la temperatura
corporal. La retención del calor corporal se consigue a partir de las cámaras de aire que
figuran entre el cuerpo y el exterior. Por consiguiente, contra más cámaras de aire figuren en
el menor espacio, más retención calorífica se conseguirá. Además, debe evitarse que el cuerpo
pierda calor por ninguna de sus partes; en este sentido, por la cabeza se pierde el 20% de
nuestro calor corporal.
La sangre debe fluir por todo el cuerpo. Por tanto, debe evitarse que la ropa se produzca
una excesiva presión sobre los vasos de aporte sanguíneo (arterias) o sobre los de retorno
(venas), y provoque la ralentización de la circulación de la sangre.
Debemos evitar que el agua (sudor, lluvia, nieve, etc.) esté en contacto con la piel.

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